miércoles, 7 de marzo de 2018

Resultado de imagen de Mt 5,17-19 por Fano
Jesús viene a dar plenitud a ese Plan de salvación que Dios ha pensado para salvarnos. En él estás tú, y también yo. Jesús es el Amén del Padre que da sentido y plenitud a la obra de la Alianza de Dios. Y en él todo se perfecciona, se actualiza y tiene cumplimiento. Todo lo profetizado en la Ley y los profetas se cumple ahora en Jesús.

Nada será abolido y todo tendrá su valía y momento. Para aquellos que vivieron antes de Jesús, la Ley era lo que había que cumplir, pero ahora, Jesús, el Mesías enviado, habla de amor y misericordia. Y el hombre, que Dios quiere salvar, ocupa el primer lugar en su corazón. Todo está establecido en función y para su salvación.

Y así todo debe ser enseñado y practicado, sin dejar de cumplir nada. Ya lo dice el Señor: Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

martes, 6 de marzo de 2018

Resultado de imagen de Mt 18,21-35 por Fano
Seguramente, Pedro estaría viviendo lo mismo que nos sucede a cada uno de nosotros. Estaría cansado de perdonar y experimentaba que sus fuerzas estaban agotándose poco a poco. Intuía que llegaba al límite de sus fuerzas y quiso saber de labios de Jesús cual era el límite. Posiblemente, se quedaría asombrado cuando oyó la respuesta de Jesús.
              
Esas setenta veces siete tienen un significado perpetuo. Tenemos que estar dispuestos a perdonar siempre, porque siempre nos perdona Jesús. La parábola que nos pone nos deja meridianamente claro como tenemos que perdonar, y que nos espera si no perdonamos.

Porque, eso es lo mismo que si no amamos. Amar contiene que lo que no deseas para ti tampoco debes desearlo para otro. Y lo que quieres para ti, lo quieres también para otro. Igual tenemos que hacer con el perdón. Si queremos ser perdonados, también nosotros tendremos que perdonar.

lunes, 5 de marzo de 2018

Resultado de imagen de Lc 4,24-30
Jesús no pasa por convencer a nadie. Cuando actúa lo hace por compasión y conmovido por el sufrimiento de las personas. Sobre todo con los pobres y excluidos. Huye del espectáculo y de las actos sensacionales que le piden los sabios y entendidos de su pueblo. No ha venido a convencer a los suficientes y a los arrogantes.

Por eso, le recuerda el auxilio a la viuda de Sarepta y a Naamán el sirio. Una viuda y otro leproso. Enfermedades que excluían a las personas y las dejaba a merced de su destino y pobreza. Se necesita un corazón humilde y sencillo para acoger la Palabra y la acción de Dios. Se enfadan y no aceptan el reproche que Jesús les dice.


Quieren que Jesús actúe y que les convenza. Y eso no entra en los planes de Dios, porque envía a su Hijo para que creamos en Él. Basta su Palabra y también sus obras, que siempre son hechas a favor de aquellos que creen en Él y se lo piden con humildad porque lo necesitan.

domingo, 4 de marzo de 2018

Resultado de imagen de Jn 2,13-25 por Fano
Cuando profano mi cuerpo o no lo preparo y cuido como debo, estoy profanando el Templo del Espíritu Santo, que mora en mí a partir de mi bautismo y que rechazo y expulso cada vez que dejo entrar en él el pecado del desamor. Y entra sin darme cuenta cuando acojo a la pereza y a las desgana y a las costumbres que van alejándome de la verdadera actitud y devoción.

También cada uno de nosotros somos templos de Dios y si no cuidamos el orgullo, la pereza, la ira, la envidia, la avaricia y el egoísmo destruimos ese templo casi sin darnos cuenta. Y de eso se encarga con mucho interés el diablo. Tenemos que estar muy atentos y cuidar mucho este templo que vive en nosotros.

Tratemos de velar y de estar en permanente vigilia. Tratemos de recogernos y de, en profundo silencio, abajarnos humildemente y agarrarnos fuertemente al Señor apoyado en los sacramentos de Penitencia y Eucaristía. La arrogancia y la soberbia creyéndonos buenos nos instalan y nos predisponen a pensar que ya hemos llegado.

sábado, 3 de marzo de 2018

Resultado de imagen de Lc 15,1-3.11-32 por Fano
Necesitamos tiempo para madurar igual que sucede con los frutos. No podemos ver sin antes experimentarlo en nuestra misma piel. Nuestra juventud e ímpetu nos llevan a desobedecer.

Y sólo cuando experimentamos la caída entendemos que el mejor camino era fiarnos de nuestros padres. Quizás sea un poco tarde para muchos, pero nunca para aquellos que confían en el Señor.

No es fácil levantarse y reconocer las dificultades que nos presenta el regreso. Sé necesita mucha humildad, pero sobre todo esperanza y confianza en la Misericordia del Padre.

viernes, 2 de marzo de 2018

Resultado de imagen de Mt 21,33-43.45-46)
El hombre tiene la capacidad de decidir su propio camino o tomar el que le ofrece Dios. Abraham fue invitado por Dios a salir de su tierra y a caminar hasta la tierra prometida. Y Abraham, a pesar del riesgo, las dudas, y la aventura creyó en la Palabra de Dios. Y en su camino sucedió tal y como Dios le había prometido.

También tú y yo somos invitados a salir de nuestra tierra. Primero necesitamos discernir sobre cuál es nuestra tierra y decidirnos a abandonarla siguiendo las instrucciones de Dios. Porque, igual no tenemos que caminar mucho, sino dar un giro total a nuestra vida. Habrá que escuchar y ver, pero, sobre todo estar dispuesto.

Pero, lo verdaderamente importante es responder a esa llamada que Dios nos hace y a lo que ha dejado en nuestras manos para que, negociando con ello, le demos los frutos esperados por Él. De eso dependerá que a su regreso tengamos los frutos que Él espera.

jueves, 1 de marzo de 2018

Resultado de imagen de Lc 16,19-31 por Fano
La travesía del recorrido de nuestra vida no es fácil. Hay que atravesar muchos desiertos, entendiendo como desiertos todas esas pruebas con las que el mundo nos tienta. Discernir cuando debemos apartarnos del mundanal ruido y abstraernos de sus tentaciones serán los momentos más difíciles e importantes de nuestra vida.

Porque, en esa lucha consiste nuestra salvación. Obviar todo aquello que se nos presenta como una oportunidad de servir y darnos en amor a los demás, tendrá luego, queramos o no, la recompensa que hoy, Jesús, nos presenta en la parábola del rico epulón.

Tratemos de no ser personas como aquel rico epulón que, olvidándose del pobre Lázaro, pasó toda su vida banqueteándose y olvidándose del sufrimiento de Lázaro. Y no porque nos lo tengamos que tomar como un sacrificio, sino porque nuestra inclinación natural es el amor y sólo amado seremos eternamente felices.