martes, 6 de julio de 2021

 

Sucede que cuando cerramos nuestro corazón y nos vendamos los ojos, seducidos por las tentaciones de este mundo, somos capaces de hacer verdaderos disparates, incluso, pasar por encima de cualquier persona. Perdemos la razón y nos dejamos llevar por nuestra propia ideología.

Y eso llega hasta tal punto que nos desorientamos y perdemos el sentido y rumbo de nuestro destino. Eso, parecemos ovejas sin pastor, extenuadas y abandonadas sin saber qué hacer, y sometidos a la voluntad de los vientos del mundo que como veletas nos zarandean de un lado a otro.

Sucede muchas veces en nuestra vida. Por cualquier circunstancias quedamos abatidos, depresivos y a merced de nuestras más bajas pasiones e instintos primarios. Luego, desorientados, perdemos el verdadero sentido de nuestra vida y quedamos prisionero y esclavizados de nuestros propios pecados

lunes, 5 de julio de 2021

 

Es posible que puedas plantearte muchas dudas. El camino de nuestra vida está minado de dudas, pero, la fe es una llama que nos da vida, alegría y, sobre todo, esperanza de alcanzar esa felicidad eterna que tanto buscamos y anhelamos. 

Realmente, vale la pena intentarlo y buscar esa fe que da respuesta a lo que  sentimos y deseamos dentro de nuestro corazón. Aquella mujer hemorroisa había perdido, no solo la esperanza sino también todo su dinero. Sin embargo, se agarró a la fe en Aquel hombre llamado Jesús.

Y su vida se llenó de esperanza, pero no una esperanza cualquiera, sino una esperanza gozosa y de Vida Eterna, que nace, precisamente, de ese encuentro con Aquel que lo puede todo y que tiene dominio y potestad sobre la Vida y la muerte.

domingo, 4 de julio de 2021

 

La experiencia nos descubre que nos es más difícil dar testimonio con nuestra palabra en nuestra propia familia que fuera de ella. De la misma forma sucede lo mismo en nuestro pueblo. Sin embargo, sorprendentemente, no pasa lo mismo cuando nuestra palabra viaja y se manifiesta en otros lugares.

El Evangelio fue acogido de forma más entusiasta y auténtica por los gentiles – paganos – que por los propios judíos. Es la confirmación de la regla. Nadie es profeta en su tierra. Y es que valoramos a las personas por sus orígenes o apariencias que por lo que realmente son.

Nuestros criterios y convicciones nos vienen muy marcadas por nuestros orígenes, nuestras ideas e influencias de nuestros propios ambientes. Valoramos o desvaloramos según nuestra manera de medir nuestros propios estereotipos. Necesitamos despojarnos y vaciarnos para dejar entrar la Palabra

sábado, 3 de julio de 2021

 

Tomás, aquel discípulo incrédula no se avenía a razones. Exigía ver y tocar para creer. Y, Jesús, viendo sus buenas intenciones le dio la posibilidad de que pudiese comprobarlo por sí mismo. Su respuesta fue contundente hasta el punto de que sus palabras se repiten en cada celebración Eucarística.

Pidamos, también nosotros, no tener que exigir ni pedir pruebas al Señor. Pidamos la Gracia de fiarnos de su Palabra y de confiar en lo que nos ha dicho y nos promete. Es el Señor. Señor de la Vida y la muerte, y Él ha Resucitado.

No permitamos con nuestro pobre y humilde esfuerzo, para eso se nos ha regalado la libertad, que nuestro corazón se endurezca y no deje entrar la Palabra de Dios en él. Confiemos en Él y creamos que su Palabra es Palabra de Vida Eterna. Amén

viernes, 2 de julio de 2021

 

El Evangelio de hoy nos cuenta como Jesús se fijó en Mateo, un publicano que, solo estar con él escandalizaba a los judíos. Y sabiendo lo que pensaban los que le veían les dijo:

 «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Podemos deducir con bastante lógica y sentido común que para sentir y necesitar la Misericordia del Señor necesitamos descubrirnos enfermos – pecadores – pues, de no experimentar esa necesidad no buscaremos médico.

jueves, 1 de julio de 2021

 

Evidentemente, el peligro no viene de afuera, porque, lo de afuera se puede superar y vencer cuando dentro estamos fortalecidos y apoyados sobre roca firme. El peligro está dentro, si dejamos que nuestro corazón quede contaminado con esas parálisis que debilitan nuestro corazón.

La envidia se cuela sin darnos cuenta; el odio se enciende alimentado por esa envidia que nos invade; nace un deseo de venganza que nos impulsa a la calumnia y hasta la muerte. Y, simultáneamente, la maquina del mal empieza a fabricar múltiples deseos de malintencionados pensamientos.

Y nuestro corazón, indefenso e impotente no puede levantarse. Permanece paralizado en nuestra camilla del pecado. Necesitamos buscar al Señor y pedirle, sí, lo primero, que limpie nuestros pecados y todo lo demás quedará sin sanado y podernos levantarnos e irnos a casa.