domingo, 11 de noviembre de 2018

En muchas circunstancias ha dicho esto y luego has hecho lo otro. O has prometido una cosa que luego no has cumplido. O has aparentado ser así cuando eres de otra manera. Experimentamos nuestra humanidad limitada, pero eso no nos justifica y, reconociéndonos pecadores debemos esforzarnos en mejorar.

No hay que desesperar por nuestra pobreza. Contamos de antemano que Dios, nuestro Padre, nos conoce y sabe nuestros defectos, pero también conoce nuestras virtudes. Y espera que las pongamos en práctica para superar nuestros defectos, fallos y errores.

Se trata de darnos y no sólo de dar. Darnos en nuestra totalidad. Dar nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestras virtudes y servicios. Darnos a los que no conocemos, a los que, quizás, no nos caen bien. Darnos no según nos parezca sino según la Voluntad de Dios. Se trata de poner en la cesta lo que somos y hemos recibido sabiendo que Dios lo que nos pide es eso.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Ser héroe no es hacer grandes cosas, sino ser fiel en las pequeñas cosas de cada día. Porque, la heroicidad no se demuestra en momentos puntuales y heroico, sino en el acontecer de cada día y en las responsabilidades, pequeñas o grandes, que cada uno tiene.

Hay muchos héroes anónimos que son fieles a sus responsabilidades y renuncian a la tentación del dinero y del poder para mantenerse fieles a su compromiso. Y quienes lo hacen con las cosas pequeñas y de cada día, también lo harán en las cosas grandes que se les pueda presentar en sus vidas.

Y es que no podemos servir a dos señores a la vez. No se puede cumplir y ser fiel cuando te interesa y no hacerlo cuando no te conviene. No se puede obedecer cuando te parece y no hacerlo cuando no te apetece. Al final terminarás siempre sometiéndote a uno. Y lo importante es servir a la verdad y la justicia, que, precisamente, están en Dios.

viernes, 9 de noviembre de 2018

El templo, en principio lugar de encuentro con Dios, ha pasado a ser encuentro entre las personas para celebrar sus propias fiestas. No son los sacramentos de la iniciación cristiana unos encuentros con Dios, como se pretende orientar y dirigir, sino una celebración familiar casi equiparada a la de un cumpleaños u otro tipo de fiesta.

La prueba del algodón qué podríamos decir, y la experiencia lo demuestra, que será el bautismo un espacio hasta la primera comunión y ésta la última. De la confirmación perdemos la vista y muy pocos llegan a recibirla. Todo se reduce a momentos puntuales de fiesta tradicionales.

En mi experiencia catequética de bautismo constato esta experiencia. Se va al bautizo como quien va a adjudicarse un nuevo título sacramental, pero nada más. No hay compromiso ni siquiera conciencia de lo que se hace, y, por supuesto, ningún compromiso de perseverar. Al menos en un 95% o casi. Esa es la realidad.
Jesús no ha venido a salvar a quien se cree suficiente y se basta por sí mismo. Esos posiblemente piensan que ellos se salvarán y que realmente son los justos y buenos. Porque, el problema es que no se dejan salvar y hasta creen no necesitarlo.

Por lo tanto, sólo queda una alternativa, salvar a los que quieren salvarse y se ponen en Manos del Señor para ser salvados. Es decir, se reconocen pecadores y ovejas perdidas. Y ten por seguro que el Señor no te abandona ni te deja perdido. Te busca y te tiende sus brazos para salvarte.

Y, además, prepara una fiesta de la alegría inmensa que experimenta al encontrarte y al comprobar que tú quieres salvarte. Porque, eres libres y puedes elegir descarriarte o ponerte en sus Manos para salvarte. Tú tienes la respuesta, hacerte el encontradizo o la encontradiza para abandonarte en los brazos del Señor.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Somos muy insensatos, pues tratamos de edificar la torre de nuestra vida sin calcular bien los instrumentos y los medios de que disponemos para bien construirla y terminarla. Creemos en nuestras fuerzas y talentos y, pensamos, no nos hace falta nada más, y caemos en nuestra propia trampa. Sólo no nos bastamos para salvar nuestra vida para la eternidad.
                      
Se hace necesario administrar bien nuestra vida, y para ello necesitamos de todo lo que hay en el mundo, pues vivimos en él, pero sin perder de vista que lo principal no son las cosas del mundo, ni las torres o las batallas, sino el Señor. Él sólo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Por lo tanto, lo verdaderamente importante son tus actos de amor, que son los que construirán la torre bien hecha de tu vida, porque ellos son los que te ganarán la batalla para que tu casa sea bien construida y reservada en la Casa del Padre donde moraras para la vida eterna.

martes, 6 de noviembre de 2018

La vida se enriquece cuando tú tratas de abrirte a ella. Y te abres en la medida que te das, te haces servicio, pan y vino para otros. Eso significa que con los otros te enriqueces y también tienes la oportunidad de darte y servir. Y, fundamentalmente, amar.

No puedes hablar con los mismos y repetir siempre lo mismo a los mismos, valga las redundancias. Por eso, la comunidad necesita renovarse, abrirse y ofrecerse a la riqueza de nuevos miembros. Sobre todo a aquellos que no conocen o saben muy poco de quien es Jesús de Nazaret.

Hay, por tanto, que caminar y caminar cargado con tu cruz y renunciando a tantas cosas que buscan tus satisfacciones, tus comodidades, tus gustos, tus ambiciones y proyectos. Porque, tu vida se enriquece cuando experimentas el amor y sigues al verdadero Amor, el Señor, que te exige dejarlo todo para seguirle plenamente a Él. Porque, Él es el verdadero y único Camino, Verdad y Vida.

lunes, 5 de noviembre de 2018

No entiendo que un cristiano tenga que estar detrás de esas personas que desoyen la asistencia y la ayuda. Conozco ya a varios que, asistidos y ayudadas, vuelven a las andanzas sin hacer caso omiso a las advertencias, buenos consejos y ayudas. Todo lo tiran por la borda. ¿Qué hacer entonces?

Entiendo que hay que estar siempre disponible y en actitud de recibirlo, pero también que hay que exigirles una cierta colaboración y disciplina. Tengo la experiencia de una persona que, hasta el momento, ha respondido de manera ejemplar saliendo de la drogadicción profunda. Pero, ha sido con un gran esfuerzo personal por su parte.

Supongo que a Jesús muchos no le respondieron y permanecieron sumidos en la miseria por voluntad propia. Hoy, todos los que quieren salir lo pueden hacer con esfuerzo y trabajo, porque ayudas hay, pero se necesita respuestas serias y disciplinadas. No se puede salir como cada cual quiere y le gusta.