domingo, 17 de agosto de 2014



La fe no es algo material y no se puede ver. Sin embargo, su presencia se percibe en la perseverancia de permanecer en la actitud de vivir en la Palabra del Señor. Nadie puede decir que tiene fe, si esa fe no se materializa luego en los actos de su vida.

Igual ocurre con el amor. Podemos decir que amamos, pero quedamos al descubierto en la vivencia diaria de nuestros actos. Son ellos los que nos delatan o nos afirman y los que hacen visible nuestra fe y amor.

Y, sin lugar a duda, necesitamos la fuerza y la Gracia del Espíritu de Dios para llevar a cabo esa lucha de cada día, porque de intentarlo solos cometeríamos el mayor de los errores.


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