sábado, 9 de agosto de 2014




No está nuestra vida exenta de tempestades y huracanes. Diríamos que cada día nace una nueva tempestad y viento huracanado en el entorno de nuestra vivencia de cada día que nos hacen dudar y nos invaden de miedos e inseguridades.

Hoy, quizás ha sido el enfrentamiento con mi hijo, con el amigo de siempre, en el trabajo o en mi matrimonio... lo que ha desatado la tempestad o el viento huracanado que ha hecho zozobrar mi barca.

Pero también, cada día se acerca Jesús a mi barca a darme ánimos y a decirme que no tenga miedo. Él está pendiente de mí y me tiende su Mano para salvarme. ¿Estoy, como Pedro, dispuesto a agarrarme a Ella?

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