martes, 3 de marzo de 2015




Todas tus buenas obras pueden estar impulsadas por el deseo de lucirte y de recibir aplausos. Si eso es así, tu recompensa ya la has recibido. En cambio, si tu buen hacer está impulsado por el amor y lo haces de forma gratuita y desinteresada, tendrás tu recompensa eterna.

Porque el Señor aplaudirá tu buena actitud e intención y te recompensará con la vida eterna vivida en plenitud y gozo.

Y es que el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

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