miércoles, 24 de junio de 2015



Todos nacemos con una misión salvífica, que en muchos de nosotros se esconde. A pesar de ello vive latente en nuestro corazón, y exulta de alegría para y por transmitir y contagiar su verdad.

En tu bautizo has contraído, por la Gracia de Dios y la asistencia del Espíritu Santo, el compromiso de anunciar esa salvación que yace dentro y en lo más profundo de tu corazón.

Pero, no te empeñes ni te atrevas a emprenderla tú solo, porque te será imposible. Necesitas la asistencia del Espíritu de Dios. Sin Él nada puedes, y con Él serás mayoría aplastante.

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