sábado, 4 de julio de 2015



Nos cuesta valorar las palabras de aquel que conocemos y sabemos de dónde viene. Nos parece que conociendo su procedencia sus palabras no tienen tanto valor ni credibilidad.

¿Qué nos ocurriría si llegásemos a comprender a Dios? Desde el momento que podamos entender y saber los planes de Dios, Dios deja de ser Dios. Posiblemente por esa misma regla de tres.


Por eso estamos más dispuestos a, no sólo escuchar, sino acoger y darle credibilidad a las palabras de aquellos que no son del lugar, es decir, profetas extranjeros.

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