viernes, 3 de julio de 2015



Nuestra ignorancia es atrevida y desafiante. Afortunadamente, nuestro Dios es único y ha sido Él quien primero ha jugado y me ha amado y, en consecuencia, buscado.

No se entiende, pues siendo Él el Señor, ¿cómo se ha rebajado tanto hasta el punto de humillarse en la Cruz, por amor, para salvarme?

Somos los hijos más afortunados porque tenemos un Padre que, no sólo nos quiere, sino que se ha comprometido a salvarnos comprometiéndose Él.

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