sábado, 8 de agosto de 2015



Gracias Señor por el placer de comer. Sería un tormento pedir el apetito. Por experiencia sé que eso es terrible. Y también gracias por tantas cosas con las que sentimos placer y, por eso, nos gusta y atraen.

Pero, sobre todo, Señor, gracias por quedarte bajo las especies de Pan y Vino. Y quedarte para que, sirviéndonos de alimento espiritual, podamos vivir en Ti e imitarte por el camino de nuestra vida.

¡Qué pena que muchos hombres y mujeres no adviertan tu presencia y tu Amor! ¡Qué pena que muchos hombres y mujeres gasten su valioso tiempo en consumir panes y beber vinos que vuelven a dar hambre y sed! Danos, Señor, la Gracia de advertirte y darnos cuenta.

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