lunes, 17 de agosto de 2015



Todos descubrimos donde está el bien y el mal. Sabes que es bueno y que es malo. Y te sienta mal no hacer el bien.

Ocurre que, aún haciendo el mal, tú quieres hacer el bien. Y sabes lo que está mal y lo que está bien. Te experimentas impotente ante tus propios actos y te siente esclavo de tus propias pasiones y apegos.

Quieres ser libre, pero no lo consigues con tus propias fuerzas, y descubres que necesitas ayuda exterior. Y esa ayuda solo puede venir de Dios.

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