miércoles, 2 de septiembre de 2015



El problema es despertar y experimentarnos pescadores. Pescadores de hombres, porque todos estamos llamados a manifestarnos seres en relación y vinculados por el amor. El amor que establece un mundo de justicia, de verdad y de paz.

Y esa vocación al amor nos hace fraternos y justos. Porque nos encontramos en el mismo Padre, que, por amor, nos entrega a su único Hijo para que pague por nosotros. Simplemente por eso, estamos llamados a proclamar al mundo que Jesús, el Hijo de Dios, ha saldado nuestra deuda y estamos salvados.

No es poco el anuncio, pero ocurre que, o no estamos convencidos, o no terminamos de creérnoslo. Seguimos pensando que en el mundo y con las cosas del mundo podemos encontrar la salvación. Fatal error que nos ciega y no nos deja ver la realidad.

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