sábado, 5 de septiembre de 2015




Posiblemente pensemos que no nos hace falta ninguna intervención que nos sane, porque no necesitamos ninguna. Oímos y hablamos bien.

Sin embargo, nuestros oídos y lengua ni oyen lo debido, ni hablan lo que deben. Quizás para las cosas del mundo tenemos buenos oídos y entendemos su lenguaje, pero no es eso lo verdaderamente importante, porque esas cosas son caducas.

Lo verdaderamente importante es la Palabra de Dios. Es eso lo que importa oír y entender. Y también saber interpretar y proclamar. Proclamar con tu palabra y con tu vida.

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