jueves, 8 de octubre de 2015




Un padre dejaría de ser padre si no tuviera relación con sus hijos. El vínculo no lo es todo, porque la relación nos acerca, nos une y descubre nuestros sentimientos.

La oración es el vehículo que nos une con nuestro Padre Dios. En ella hablamos, le conocemos y, lo más importante, le adoramos y le pedimos todo lo que necesitamos para vivir en su Voluntad.

Un Padre Bueno que nos enseña el camino seguro para no perdernos; un Padre Bueno que nos cuida y nos protege de todos los peligros que, en el mundo, nos acecha; un Padre Bueno que nos ofrece la salvación eterna, la que verdaderamente interesa, por los méritos de su Hijo.

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