sábado, 2 de enero de 2016




Porque no queremos morir. Sentimos en nuestro interior un deseo de eternidad y de felicidad. Luego, ¿por qué no reaccionamos, al menos, cuando nos vemos cerca? Se supone porque no creemos que Jesús, el Hijo de Dios, pueda darnos lo que nos promete.
                         
Posiblemente sea esa la explicación, pero me temo que ni nosotros mismos sabemos cuál es. Estamos ciegos y vivimos en las tinieblas. Y rechazamos la Palabra de Dios. De momento, mientras podamos superar la materialidad de nuestra vida, nos sentimos bien.

Así las cosas, no nos movemos, ni necesitamos correr como los pastores para ver y buscar a Jesús. Se cumple que, sólo aquellos que le necesitan, le buscan. Y esos son los pobres, los enfermos, los humildes y los necesitados de salvación.

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