domingo, 7 de febrero de 2016




Nos sentamos tranquilos a oír, pero no quizás a escuchar. Queremos arriar la bandera de nuestra lucha y no seguir en el camino. Estamos cansados de bregar toda nuestra vida sin resultados. No nos queda ya ganas de insistir.

Sin embargo, Jesús nos invita a echar las redes en el mar de nuestra vida. Le decimos que lo hemos intentado por pasiva y por activa sin ningún resultado, pero, su Palabra no atrae, nos imprime respeto y, por ella, echamos nuestras cansadas redes.

Y surge efecto, las redes se llenan. Nuestro asombro es grande. Quedamos admirados y perplejos. No tenemos palabra para describir lo ocurrido. ¡Dios mío!, ten piedad de mí que soy un pobre pecador.

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