lunes, 4 de abril de 2016



El encuentro con Jesús exige vivencia interior y experiencia de encuentro y quien lo ha tenido queda marcado e impregnado de su amor y encendida su fe. Y eso se manifiesta en su vida y en un giro total que cambia el sentir y vivir de su manera de actuar.

Difícilmente se puede olvidar esa experiencia, porque llena plenamente el corazón y mueve a amar tal y como te sientes amado por Jesús. Y porque te llena de gozo y felicidad al experimentar darte y entregarte al servicio gratuito y por amor.

La oración es ahora el vehículo que abre el diálogo con el Señor. Un diálogo que nace de lo más profundo del corazón y que experimenta el sentimiento del hijo que encuentra descanso, ternura, cobijo, cuidado y salvación en su Padre.

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