domingo, 29 de mayo de 2016



Aquella gente que seguía a Jesús, posiblemente, le seguían buscando la curación y el interés material. Y también experimentaron el poder saciar el hambre material. Jesús compadecidos les procuró también en abundancia el alimento corporal.

No cabe ninguna duda que hoy, en la actualidad, el mundo puede satisfacer esa hambre que muchos de sus habitantes padecen. Porque hay panes y peces para todos. Sólo hay que distribuirlos en orden a la verdad, la justicia y el amor.

Y, no sólo darlos, sino enseñarles a producirlos. Pero, también, y más importante, darles a conocer el Verdadero Alimento Espiritual que da la Vida Eterna, la verdadera Vida que todos buscamos cuando le llegue la hora a esta vida corporal.

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