sábado, 11 de junio de 2016



Experimentar que, a pesar de todos los obstáculos que la vida nos pone, el mundo es un camino de esperanza donde podemos alcanzar la plenitud, es la opción más ilusionante y valiosa que podemos elegir. Porque, terminado ese camino, empieza el nuevo, el verdadero, el eterno y pleno.

Claro, experimentar eso es tener claro que nuestro destino no está en este mundo. Está fuera de él, y para recorrerlo tenemos nosotros que también hacerlo con nuestro corazón fuera de él, a pesar de estar dentro. Nuestro destino es el Reino de Dios. Un Reino que llegó con la llegada de Jesús de Nazaret.

Él es el Reino de Dios, y nos trae la oferta de Amor del Padre, que nos ofrece su Misericordia y Perdón por los méritos de su Hijo, el Señor Jesús, dándonos la Salvación Eterna en plenitud. En y con Él estamos salvados y este mundo significa sólo el recorrido en el amor que tenemos que salvar. Y lo haremos y conseguiremos viviendo en Él y por la acción del Espíritu Santo.

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