jueves, 30 de junio de 2016


No ha sido creado el hombre para hacer el mal, ni siquiera para permitirlo. La prueba es que el hombre, todo hombre y mujer, sienten y experimentan deseos con buenas intenciones y defienden la verdad. Luego, hay una contradicción, ¿por qué hacen el mal?

El mundo se convierte en una lucha bipolar: el bien y el mal. No existen otras confrontaciones. Todo estriba en hacer el bien o el mal. O dicho de otra forma, el amor y el pecado. Porque quien ama busca el bien del amado. Y quien ama el mundo busca el bien del mundo. Sólo lo puede odiar aquel que busca destruirlo y convertirlo en un lugar de luchas y muertes.

Queda claro que el hombre se siente inclinado a actuar mal. Su naturaleza, aunque desea el bien se siente atraída por el mal. A eso se añaden sus egoísmos y soberbias. Dicho de otra forma, sus pecados. Limpiarse de ellos es la esperanza de quedar libre y poder realizar lo que queremos, el bien. Y Jesús ha venido a perdonarnos esos nuestros pecados y a sacarnos de la esclavitud.

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