miércoles, 31 de agosto de 2016



Jesús es el gran Tesoro de nuestra vida, porque en Él están nuestras soluciones y respuestas a todos los interrogantes que nuestra existencia nos plantea. Pero no puede quedarse con nosotros, porque también tiene que llegar a los demás. Ha venido para salvar a todos los hombres que crean en Él.

Nos enseña que debemos estar dispuestos a compartir y a solidarizarnos con los demás. Le buscamos principalmente para solucionar nuestros problemas, pero, quizás nos olvidamos de los demás. El diablo también nos tienta y, molesto por la presencia del Señor, quiere inquietarnos y desestabilizarnos.

Y lo logra en la medida que nos desesperamos por nuestra impaciencia, por nuestras incomodidades y pereza en la oración y contemplación. Nos incómoda las Eucaristías y tantas cosas más que nos experimentamos cansados y con ganas de apartarnos. Remedio, tranquilizarnos y confiar en el Señor. El nos quitará la fiebre que nos pone tibios.

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