martes, 6 de septiembre de 2016



La necedad y la ignorancia son muy peligrosas. Y el peligro está, no tanto en cuanto sus consecuencias, sino, sobre todo, en que no te das cuenta como entran en ti mismo. Creyéndote sensato, te mueves y comportas suficientemente porque, a pesar de tu saber, ignoras muchas cosas.

Por eso, Jesús, el Hijo de Dios, estaba en contacto diario y a cada instante con su Padre, porque de su Padre había recibido toda sabiduría. Y en todas sus decisiones recababa la Sabiduría y Voluntad del Padre, porque Él había venido a cumplir su Voluntad.

Y en esa súplica e intención procedió a elegir a los apóstoles, dándoles poderes y la misión de continuar su obra, la de ir y proclamar el Evangelio bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así nacía la Iglesia.

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