lunes, 5 de septiembre de 2016



No se puede hacer la ley sin tener en cuenta las necesidades de los hombres. Porque las leyes están hechas mirando el beneficio y el bien de los hombres. Nunca será buena una ley cuando somete y esclaviza al hombre. La ley del sábado limita el bien del hombre y eso no está  bien.

Y los fariseos y escribas lo conocen y saben. Pero no quiere dar el brazo a torcer y dejar que Jesús les diga lo que tienen que hacer. Su orgullo y soberbia los ciega y le impiden ver. Están ofuscados y llenos de ira y no piensan en el bien de los demás sino en el suyo propio.

Incluso, son indiferentes a lo que hace Jesús. Su cinismo les traiciona y nada les hace reflexionar ni cambiar. Son árbol de mala planta y están podridos. Posiblemente no se pueda hacer nada por ellos, pues no tienen cura.

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