miércoles, 28 de septiembre de 2016



No podemos seguir a alguien poniendo nosotros condiciones. El seguimiento es incondicional, por eso Jesús nos advierte que  «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro dijo: «Sígueme». El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios».

Esto supone poner a Jesús como la prioridad principal y delante de todos nuestros planes y proyectos. Bien, es verdad, que nuestra humanidad sometida al pecado deja mucho que desear y le fallamos. Nuestro seguimiento está adulterado y descafeinado por nuestros apegos y apetencias.

Pero, Dios, Padre Misericordioso, sabe y conoce de nuestras limitaciones y caídas. Y nos perdona con amor misericordioso. Eso nos salva y nos sostiene, y nos ayuda a, en el camino, esforzarnos, eso sí, a ponerlo en el centro de nuestra vida y a ser nuestra primera opción. Esa es nuestra lucha.

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