martes, 15 de noviembre de 2016

El Evangelio de hoy nos habla de Zaqueo. Un hombre que sentía curiosidad por conocer a Jesús. Podíamos decir que le seguía oculto, quizás por miedo a no ser admitido o por vergüenza. Pero, enterado que pasaba por Jericó se puso por obra aprovechar la ocasión.

Advirtiendo que la gente le impedía poder verlo, pues era bajo de estatura, no reparó en subirse a una higuera por donde suponía iba a pasar Jesús. Su obsesión era verle y estaba decidido a superar todos los obstáculos que se lo impedían.

Lo que nunca esperó fue la acogida con la que le sorprendió Jesús. Mirándole le invitó a bajarse y auto invitándose le propuso comer en su casa. Le encantó esa deferencia que tuvo con él y se sintió importante, perdonado y valorado por Jesús. Experimentó el gozo y la alegría que el encuentro con Jesús tiene siempre como resultado.

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