viernes, 4 de noviembre de 2016

Los que viven para el mundo y con las cosas del mundo se desviven en trabajar para prosperar y ganar riquezas. Y le dan vuelta a sus situaciones, sobre todo cuando corren peligro. Es la astucia de aquellos que rechazan la luz y aceptan la oscuridad del mundo.

Quizás por andar a oscura se preocupan más por ver, a  pesar de que la oscuridad no les deja ver lo que realmente importa. El peligro estriba en que los hijos de la luz permanecen cómodos y no se activan astutamente para buscar la verdadera Luz que les alumbre el verdadero camino.

Eso es lo que Jesús nos advierte en el Evangelio de hoy, “«los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz»”. Y es que los cristianos permanecemos dormidos y no nos esforzamos en buscar soluciones para establecer el Reino de Dios en este mundo.

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