jueves, 15 de diciembre de 2016

Hay personas que libremente optan por cerrar sus oídos a la Palabra de Dios. Juan el Bautista, el Precursor, sufrió esos desplantes y oídos sordos. Y hoy sucede un tanto lo mismo. No cabe ninguna duda que lo que ocurre en el mundo, ahora mismo en Alepo, Siria, está ocasionado por aquellos que hacen oídos sordos a la Palabra de Dios.

Sin temor a equivocarnos, podemos decir que el hombre que hace vida la Palabra de Dios es un hombre que respeta y vive, al menos se esfuerza, en la verdad y la justicia. El mundo rechaza esa Palabra de Dios porque quiere vivir la suya, y su palabra está manchada de mentira y de sangre.

Sucede que esos muchos que se inhiben de escuchar y aceptar la Palabra frustran el Plan de salvación que Dios tiene para ellos. Se cierran a su Gracia y se borran de entre sus hijos. Posiblemente, ellos mismos dictan su sentencia de muerte.

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