viernes, 16 de diciembre de 2016

Juan nos hablaba del Mesías prometido, y todo lo nuevo nos asusta o no coincide con lo que nosotros tenemos pensado y asimilado. El mismo Juan llega a dudar de si hay que esperar a otro o ya ha venido el que esperábamos. Y es que nos creamos nuestro mismo Mesías.

Jesús, el Mesías esperado e Hijo de Dios Vivo, no coincide con el que el pueblo se había formado. Sobre todo los poderosos y sumos sacerdotes. Ellos tenían otra idea elaborada por ellos mismos. No les cuadraba la figura de Jesús ni tampoco su Mensaje.

¿Nos ocurre a nosotros también? Quizás también esperamos un Mesías a nuestra medida y nos molesta cuando su mensaje no coincide con el que nosotros pensamos o nos gusta. Ser pobre y humilde es abajarnos y despojarnos de nuestras ideas y aceptar lo que el Señor nos propone.

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