lunes, 13 de marzo de 2017

Nos cuesta bastante controlarnos y dominar nuestros instintos críticos. Y, mucho más, guardarlos. Nos atrae el comentar y hablar de otros, y, eso sí, quizás sin darnos mucha cuenta, juzgar y condenar. Estamos muy dispuestos a comparar y a juzgar. Y no tanto a perdonar.

Invertimos nuestro tiempo en juzgar; en condenar; en no perdonar; en no dar ni compartir y, a pesar de que sabemos que eso está mal, insistimos en hacerlo. Nos cuesta mucho abstenernos. Y no nos damos cuenta que en la medida que lo hagamos, pasará también con nosotros.

Porque, según tú lo hagas, también lo hará contigo tu Padre Dios. Es eso lo que precisamente nos dice hoy en el Evangelio: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».

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