El Reino de Dios es Jesús. Él vino a nosotros encarnado en naturaleza
humana. Próximamente celebraremos ese acontecimiento: el nacimiento del Niño
Dios. Eso es la Navidad: la cercanía de Dios que se hace uno de nosotros.
El Reino no es algo lejano ni futuro.
El Reino comenzó cuando Jesús nació.
Sostén, Señor, mi lengua en muchos momentos de desequilibrio, de
perplejidad o asombro. Sobre todo, en el dolor, la incomprensión o injusticia.
Dame la serenidad y la paz para sostenerme en silencio hasta que mi alma vuelva
a Ti y pase la tormenta.
También nosotros podemos participar de ese Reino cuando ponemos lo que
somos y tenemos al servicio de Dios. La presencia del Reino se hace visible
cuando amamos, perdonamos, servimos, acompañamos.
Jesús está ya en medio de nosotros.
La pregunta es personal:
¿Qué gesto de amor puedo ofrecer hoy al Reino?
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