En cierta
ocasión, alguien ya mayor, con rostro de resignación y tristeza, me dijo que
pasaba la vida esperando el desenlace.
Mi reacción
fue instintiva y rápida: “El final de este mundo no es sino el comienzo del
otro, verdadero y eterno.”
Aquellas
palabras me hicieron pensar en cómo vivimos nuestra propia espera: si como
resignación o como esperanza.
Quizá el
desenlace no sea el final, sino el inicio de la Vida plena.
Señor, que
sepamos vivir cada día como preparación para tu encuentro, con esperanza y
alegría. Y llenos de ilusión por encontrarnos contigo. Porque ese es nuestro
objetivo: verte y encontrarnos contigo.
Esa es la
ilusión que sostiene mi vida, Señor. Claro, quisiera verte y, muchas noches, me
viene ese pensamiento a mi corazón. Pero, al mismo tiempo, pienso que no estoy
preparado para verte. Supongo, Señor, que no aguantaría tu presencia. Ahora,
eso sí, espero con gozo la hora de mi encuentro contigo, Señor.
Este mundo
no es sino un tiempo de preparación para el otro. Eso nos exige vigilancia, fe
y esperanza, para estar listos ante la venida del Hijo del hombre, nuestro
Señor.
Con Él
comienza la verdadera y nueva Vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.