Cuando tratamos de seguir a Jesús, experimentamos en muchos momentos
oscuridad, humillación, burla, fracaso y hasta muerte. Como el ciego del
camino, buscamos luz para ver y para orientarnos.
Señor, sé que tu Voluntad es que ame con humildad y misericordia, pero,
sé también mis debilidades, egoísmos y pecados. Transforma, Señor, mi corazón y
hazme humilde y misericordioso.
Las zarzas del mundo amenazan con ahogar nuestra humilde fe. Nos
confunde un camino que conduce a la cruz. Pero el encuentro con Jesús ilumina
nuestra vida. y nos revela el sentido de nuestra misión.
Sí, el grano de trigo tiene que morir para dar fruto.
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