¿Acaso no adviertes que cuando amas a tu prójimo, abrazas a Dios? ¿Y no
experimentas que Él también te abraza? Ese es su verdadero templo, el corazón
humano, sobre todo el más vulnerable.
Confío, Señor, en tu infinita Misericordia. Y eso me anima, me sostiene
y me levanta en esos momentos de desfallecimiento, de tedio y debilidad. Dame,
Dios mío, la sabiduría y fortaleza necesarias para hacer tu Voluntad.
Nunca olvides que si dices amar a Dios, lo cumples, no cuando te relacionas directamente con Él, sino cuando te preocupas por amar al más pobre y vulnerable. Es entonces cuando te fundes en un fuerte abrazo con Él.
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