La reacción de Zaqueo es muy
distinta a la del joven rico: mientras uno se deja poseer por su egoísmo,
Zaqueo responde a la llamada de Jesús y rompe las cadenas que lo esclavizan.
Mis preocupaciones, mis
pensamientos, mis proyectos, mis dudas, mis discernimientos, mis errores y
pecados. Todo, Señor, lo pongo en tus manos para que, purificados por tu Amor,
sean conforme a tu Voluntad.
El encuentro con Jesús
transforma. Quizá decrezcan tus riquezas, pero crece tu generosidad; y tu
persona recupera la dignidad que la avaricia entierra bajo ansiedades de
monedas y ganancias.
La felicidad que buscamos no se encuentra en la acumulación de bienes, sino en el amor que nos viene del Señor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.