Solo de la paz —en y con la paz— nace la libertad y la
buena convivencia. Y con ellas llegan el bienestar y el verdadero progreso.
Jesús es el único camino que vale la pena recorrer, porque es Él quien nos
conduce a la paz
Señor, vienes a salvarnos, no a condenarnos. Abro mi
corazón a tu infinita Misericordia y pongo mi vida en tus manos para que sea
sanada y perdonada por tu Amor Misericordioso. Amén.
La confrontación nunca es solución: deja siempre un
rastro de destrucción y muerte. Nada arregla y todo lo empeora. El verdadero
objetivo es el perdón, porque del perdón nace la paz que los pueblos necesitan.
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