sábado, 15 de noviembre de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Nuestra verdadera arma es la oración. Con ella ponemos nuestras preocupaciones en manos de nuestro Padre Dios, para que Él las acoja y su excesivo peso sobre nosotros no nos haga desfallecer.

Hay momentos, Señor, que mi cruz me dobla la espalda. Otros, en los que me creo fuerte y capaz, aparece el desfallecimiento, y, cuando más seguro estoy, experimento la debilidad o impotencia. Señor, gracias por tu presencia y por cargar con mi cruz.

Que nos ayude, acompañándonos, alentándonos y fortaleciendo, a sostenernos para que podamos acoger la realidad en su dureza, agradecer lo gratuito como don y acunar los deseos de Dios en nuestro corazón.

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