Hemos recibido gratuitamente unos talentos, y
gratuitamente debemos ponerlos al servicio de los demás, especialmente de los
más pobres y excluidos.
En todos mis momentos más importantes, tanto en la
angustia como en las alegrías, Tú, Señor, estás presente. Me animas, me
consuelas, me sostienes, me escuchas, me orientas, me das fuerzas y me salvas.
Gracias, Señor.
Lo hacemos con la humildad de quien reconoce que solo es un siervo. Ponemos lo que tenemos y lo que hemos recibido gratis; es el Señor quien obra en lo profundo de las vidas y marca la diferencia.
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