Descubres que eres
bienaventurado cuando experimentas el amor y la misericordia de Dios. Eres rico
no solo de talentos, sino de dignidad, de ser amado e hijo de Dios.
Envíame, Señor, tu Santo
Espíritu para que ordene mi vida, me infunda el deseo de misericordia como Tú,
mi Señor, y llene mi corazón de sabiduría para derramar con mi vida y palabra
tu Amor misericordioso.
Ese es el valor más grande que tenemos. No somos bienaventurados por lo que tenemos, sino por lo que somos. Y cuando nos dejamos ir y nos abandonamos por las cosas de este mundo, nos desperdiciamos a nosotros mismos.